
Estoy leyendo un libro sobre la filosofía Zen, y el autor expresa lo difícil que es para los occidentales entender las filosofías orientales, porque nuestros esquemas mentales son muy diferentes. Los occidentales creemos que todas las cosas tienen que tener una explicación , y una palabra concreta que defina una cosa, dejamos poco espacio a la ambigüedad y por eso oriente nos parece misterioso, irracional e inescrutable. Sencillamente no los entendemos , porque los analizamos con nuestros patrones de conducta.
Lo que no se puede representar o comunicar no existe, porque algo no puede pasar porque sí?
Un occidental aprende música en una escuela, aprendiendo escaleras, notas y ritmos, un oriental escucha a un maestro y aprende directamente la música, sin saber si esto es do, re, mi o una escala musical. No somos espontáneos y siempre buscamos, el orden y las normas. Así son las doctrinas más importantes de la tradición judeo-cristiana.
Para entender a Oriente hemos de creer que hay una posibilidad que exista un mundo diferente al convencional, donde hay cosas que pasan y no se pueden explicar, sabemos mover las manos, respirar, pero nos es muy difícil explicar con palabras porque pasa o como pasa.
Muy feliz era el ciempiés
Hasta que un sapo una vez le preguntó?
¿Qué orden al andar siguen tus pies?
Lo cual forzó su mente a tal extremo
Que a una zanja distraído fue a caer
Mientras pensaba que hacer para correr
Otro ejemplo sencillo, sentarse a meditar para un budista no es un “ejercicio espiritual” están sentados porque no hay nada mas que hacer , para nuestro inquieto temperamento es una disciplina desagradable porque no nos parece que podamos sentarnos “sin más” nada más que por estar sentados, sin sentir que nos remuerda la conciencia por no estar haciendo algo más importante para justificar nuestra existencia. Me encuentro reflejada en este agobiado occidental que busca el porque a todo.
Quiero tener una mente sencilla.